Si esto es un hombre

Si c’est un homme: cuando cogí el libro por primera vez prensé que este sugerente título hacía alusión a la acción – inhumana – de los alemanes nazis referente a los campos de concentración. Sin duda tenía cierta intuición del tema del libro, y sin embargo reposó sin ser abierto varios meses sobre mi mesa. Pronto descubrí que no era así, Si esto es un hombre es el terrible testimonio de uno de los prisioneros de los campos de concentración de Auschwitz, en donde se describe con detalle la atrocidad que vivieron los hombres que injustamente fueron deportados a ese lugar de hambre, dolor, miedo y sangre; y en cuanto abrí el libro, no pude dejar de leerlo hasta el final.

Si esto es un hombre no se refiere nunca a los alemanes opresores, pues, como aclaró el autor en su momento, su pretensión no era la de hacer de juez sino de testigo. Y es quizás la suerte, suya y de todo el mundo, que permitió que este hombre sobreviviera para que pudiera contarnos su historia. La pregunta “¿es esto un hombre?” se refiere no a otra cosa que a los propios hombres, judíos en su mayoría y presos políticos que, bajo estas terribles consecuencias habían perdido toda dignidad o características de las que identifican a los seres humanos. El régimen nazi los había convertido no solo en esclavos, sino también en máquinas, en simples herramientas de trabajo sin alma o capacidad de pensar o de comunicarse. Los prisioneros eran instrumentos que fácilmente se estropeaban pero que eran fácilmente reemplazados. En varios momentos deja Levi impresa esta impresión, este sentimiento que le aturde y le avergüenza:

“¡Kamaraden, yo soy el último! […] Los rusos pueden venir ya: ya no quedan hombres fuertes entre nosotros, el último pende ahora sobre nuestras cabezas, y para los demás, pocos cabestros han bastado. Pueden venir los rusos: no nos encontrarán más que a los domados, a nosotros los acabados, dignos ahora de la muerte inerme que nos espera. Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: […] lo habéis conseguido, alemanes.”

Nos preguntamos, sorprendidos, cómo es que tantos miles de hombres fueros sometidos sin revelarse contra el opresor. Pero realmente sí es fácil someter a un hombre. Los presos venían de nacionalidades distintas y hablaban distintas lenguas. Era ese Babel el que impedía a los oprimidos organizarse, o incluso si quiera dialogar entre ellos. Los presos estaban sucios, tenían hambre, se sentían humillados y les faltaban las fuerzas, sí, pero aquello no era lo peor, pues esto es lo propio, lo que siempre pasa cuando una guerra cae sobre civiles. Lo peor es que habían sido “mutilados”, habían perdido el objeto más preciado de que dispone el hombre, el habla, la comunicación. Su cansancio y el miedo a lo que les rodeaba les impedía pensar; y su impedimento en el habla les robaba la imposibilidad de relacionarse. El hombre, animal gregario, desproveído de compañía, de familiares o amigos, se encuentra solo; y a veces no queda otra salida más que la muerte.

 

Y sin embargo, aquellos prisioneros, a los que se les había privado incluso de su nombre, supieron en cierta medida crear un sistema de mercado, supieron organizarse en cierta forma, crear una especie de comunidad jerarquizada. En ella, el bien y el mal eran ciertamente cuestionables, comparándolos con nuestra concepción de la justicia. Había en los campos de concentración una dura normativa que contaba con leyes a menudo ridículas, que solo estaban para oprimir todavía más a los internos; y sin embargo se les incitaba a robar fuera del campo. Es este hecho irónico teniendo en cuenta que el régimen se basaba en la supremacía de la raza Aria, estimada superior a todas las demás. Sin embargo, los carceleros de esas personas (presos que antes de aquello habían controlado la banca y el mercado de occidente) eran criminales de la peor clase de las prisiones alemanas. Sin duda estos hombres eran el eslabón más bajo de aquella raza, y por ello estaban destinados a los campos de concentración, pero aún así eran considerados mejores que los propios judíos.

 

Queda pensar en aquél momento de la historia de Primo Levi cuando, habiendo conseguido un “buen” puesto de trabajo en el laboratorio químico, se encontró con aquellas muchachas que le despreciaron y no se dignaron a hablarle. Esa sociedad carecía por completo de compasión por los que está peor que ellos, y me pregunto si, habiendo elegido a otro grupo de personas como los oprimidos todo hubiera surgido igual, ya fuera la discriminación a los negros, o a los que tienen los ojos azules, o a los bajitos, o a los altos, o a los que tienen una nariz larga, o los que llevan gafas… Parece ser, que a veces los humanos necesitamos discriminar a otros para sentirnos mejores, superiores, o para llamar la atención. Es como aquél niño que en el primer día de clase es elegido como objeto de una broma, y como éste no arremete contra los bromistas, se convierte poco a poco en el objeto de maltratos mayores. Aquella persona jura que si el maltratado fuera otro, el no sería partícipe de ello, e incluso le protegería. Sin embargo, si en ese primer día, el objeto de burla hubiera sido otro niño, aquél niño que en el anterior caso era maltratador aquí sería víctima; y la anterior víctima, no teniendo justificación para no unirse a los maltratadotes, lo sería, porque quiere sentirse como parte del grupo de los más, de los fuertes.

 

Hanna Arendt decía, sólo el hombre que no se para a pensar en sus acciones, convirtiéndose en “borrego” y siguiendo al grupo actuará mal. Así justifica porqué una persona como Eichmann obrara incorrectamente, no por maldad, sino por olvidarse de pensar y de dialogar. No obstante, a mí me hace pensar si este hombre tenía de verdad otras opciones, pues creo que el ser humano no es otra cosa que un gran receptor que absorbe información y luego la procesa. Sin duda hubo hombres en durante el nazismo que escaparon porque pensaron que lo que ahí ocurría no estaba bien; pero aquellos tenían esa información, sabían que aquello estaba mal porque habían recibido una educación apropiada que contrarrestaba a los ánimos de nacionalismo étnico del resto de la población. Eichmann no la tenía, y por ello, porque el hombre es incapaz de producir información de la nada, sucumbió a la suma de la mayoría.

Si hay un momento en el que el hombre es hombre es cuando dialoga, cuando obtiene información, cuando se educa o le educan. Decía Primo Levi: “Por la noche, alrededor de la estufa, una vez más Charles, Arthur y yo sentíamos que volvíamos a ser hombres. Podíamos hablar de todo.” El ser humanos es compartir, comunicar y aprender. Es producto de la evolución, es diverso (porque la biodiversidad es importante), para que la información a intercambiar sea diversa. Es en esta diversidad en donde se encuentran las claves de la supervivencia, de nosotros y de todos los seres vivos, y por ello no hay que destruirla, no hay que crear masas uniformes, sino protegerla. Esto es un hombre: la diversidad con capacidad comunicativa.

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6 comentarios en “Si esto es un hombre

  1. Hey Sergio esta genial tu blog! Es cierto que este libro es genial, te hace plantearte muchas cosas y ver la vida de otra manera. Es un judío que parece no guardar rencor, es muy objetivo, ya podrían aprender algunas personas de dicha objetividad. Un abrazo.

  2. ¡Me sorprede que te lo hayas leido!

    En fin, gracias por pasarte por aquí, aunque esto no sea un fotolog.

    Como odio los fotologs.

  3. Genial, de verdad. Este año he tenido que leerlo para hacer un trabajo de Lola García Cantús que, supongo que la conoceras.

  4. Pues sí, conozco a Lola, y hasta creo que ayudó en la publicación de la biografía de mi abuelo, exiliado de la guerra civil. Lola es un elemento bastante especial de la Universidad de Valencia, como tantos otros, que por alguna razón casi todos acaban en la carrera de políticas. Al final se le coge cariño, y en el primer cuatrimestre no, pero en el segundo contra todo pronóstico acabé aprendiendo un montón, a pesar de lo que faltó a clase.

    Un saludo, hacía muchísimo que no me paseaba por mi blog jiji.

    Hasta el próximo mes o año.

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