Tierra de Abundancia

La postura belicista de la mayor potencia del mundo, sobre todo en su guerra por el petróleo en el Medio Oriente me inspira a publicar este ensallo que tratará de sofocar algunos de los cliches que estúpidamente creen los neoconservadores norteamericanos y que les sirven para llevar a cabo su guerra santa contra el Islam. Basaré el siguiente ensayo en la conferencia y en la película que expongo a continuación, aunque otra excelente referencia que para interesados sobre el tema debería ser obligatorio consultar es el libro de Jesús Ballesteros “Repensar la Paz” (Ed. Internacionales Universitarias).

Conferencia: Islamismo y Mujer, de Montserrat Abumalham (19.04.2007): Gran parte de lo extraído de esta conferencia es la trascripción literal de lo que dijo esta profesora, pues me pareció que era importante el conocimiento de lo que ella nos transmitió; quizás en otro momento debiera hacer un resumen, o extraerlo del libro “Repensar la Paz” de Jesús Ballesteros, que también habla sobre este tema en su obra.

Película: Tierra de Abundancia, de Wim Wenders

 

Tierra de Abundancia


Gracias al interés de nuestra profesora de Historia Contemporánea sobre el tema y a su amistad con Montserrat Abumalham, profesora titular en el Departamento de Estudios Árabes e Islam en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, pude disfrutar de esta ilustrativa conferencia que pretendía adentrarnos en un mayor conocimiento hacia lo que es el islamismo, un gran desconocido en nuestra sociedad que genera una gran variedad de conflictos. Para que podamos respetar al diferente es necesario primero conocer, pues es esa confusión del que es musulmán, palabra que se convierte en sinónimo de árabe o islamista, la que genera el odio. Es esta confusión la que le lleva a uno de los protagonistas de la película Tierra de Abundancia a perseguir a personas con rasgos árabes por el temor a que puedan ser terroristas; el hombre era incapaz de diferenciar a un hombre del medio oriente de un terrorista islámico, una actitud bastante generalizada, no sólo en EEUU, sino en todo occidente. Se trata de un miedo que surgió a partir del atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono del 11 de Septiembre del 2001; un miedo, como ya he dicho, irracional, y que en parte tiene como culpables, no a los propios terroristas, sino al gobierno y a los medios de comunicación, a la divulgación consciente de temores como un sistema infalible para someter a la población.

La mejor forma de acabar con este cliché (musulmán = a terrorista) es, como hizo la profesora de filología Montserrat Abumalham, definiendo esas palabras que tan confundidos nos parecen tener, y que, he de admitir, hasta el momento, yo era incapaz de diferenciar con exactitud. Es mediante la lengua que el hombre entiende y hace entender, y con la misma herramienta solucionamos el problema. La palabra “árabe” hace referencia al pueblo que habita la Península de Arabia y su expansión. Los árabes son aquellos que utilizan la lengua árabe desde el s. I a.C. Tras su expansión, se reconocerían como árabes a aquellos que utilizan el árabe o alguna de sus variantes, siendo así, una cuestión cultural y no religiosa. Bajo este sinónimo entendemos que los árabes bien podrían ser, y algunos lo son, cristianos, o de cualquier otra religión.

Por lo que reporta al término Islam, este no es otra cosa que una religión, y no debe confundirse con el islamismo, ya que si bien puede usarse para aquello relacionado con lo cristiano la palabra cristianismo (ya que los cristianos son en definitiva seguidores de Cristo), no podríamos hacer lo mismo con la otra religión, pues los musulmanes no son seguidores del Islam, sino de Mahoma. Son ambas religiones procedentes de Abraham, figura aparecida en el Génesis como el precedente del monoteísmo. Los descendientes de Abraham, tal y como explicó la conferenciante, son el pueblo de Israel (descendientes de Jacob) y el pueblo árabe (descendientes de Ismael), siendo así una continuación no sólo religiosa sino de sangre. Por todo esto, el término adecuado para nombrar a los que profesan el Islam es el de musulmanes, una experiencia espiritual que es recogida en el Corán, un texto que, según los seguidores de la religión, reproduce la palabra de Dios (la Biblia por el contrario es una interpretación de las experiencias de diversos autores). Islámico, por el contrario, se referirá a todo aquello que proviene de la cultura del Islam. Por último, la islamología estudia las diversas tendencias religiosas de esta religión: el culto, los dogmas, la evolución del pensamiento religioso, etc. (tiene por esto mucho que ver con la antropología cultural)

Asociamos el término “fundamentalismo” hoy en día con lo islámico, sin embargo, la palabra surgiría a partir de un movimiento religioso cristiano. El fundamentalismo desvela lo extremo, y por esto hoy utilizamos el término para designar a aquellos que utilizan la revelación del Islam para fines políticos, pudiendo terminar en respuesta armada. Se ha visto en todas las religiones monoteístas, la conversión de la religión en una forma de control de un grupo o población. La religión se convierte en poder cuando el poder político asume la ortodoxia religiosa.

Sin duda, esta fue, en mi opinión, la parte más interesante de la exposición de la profesora en filología pues el resto de apuntes corresponden a preguntas que no tienen una respuesta muy clara o a datos concretos. Se preguntaba si podía el Islam convivir con un Estado Laico, a lo que respondía que, evidentemente sí, que los musulmanes podían convivir perfectamente con otras religiones y que, de hecho, el Corán daba el visto bueno, siendo delito únicamente el dejar el camino del Islam una vez habiéndose iniciado en él. Los países islámicos se han adaptado al nuevo mundo capitalista y ejemplo de ello es la idealización de un nuevo sistema bancario que evita de forma indirecta el préstamo de capital, ya que la religión prohíbe la usura (el banco es partícipe de lo comprado con el dinero “prestado” hasta que éste se devuelve). Por último me veo obligado a mencionar la interesantísima exposición de Montserrat Abumalham sobre la mujer en la historia y en el Islam, pero que no veo que tenga demasiada relevancia en el tema que me conlleva (sólo me dotaría de argumentos concretos que, si bien pueden ser útiles es una larga discusión, no lo son en un breve ensayo).

Al ver la película de Wim Wenders me pareció oportuno acoplar la experiencia de la conferencia de la profesora al análisis de la trágica visión del mundo estadounidense en relación con la sociedad islámica, o más explícitamente con los árabes. Tierra de Abundancia es un drama que muestra dos visiones totalmente opuestas de los EEUU. Una joven llega a EEUU como misionera en un refugio para pobres en un barrio marginal de Nueva York. Dicho personaje, al haber viajado mucho y haber visto miseria por todo el mundo, se convierte en la voz de la experiencia de la película, la que comprende y respeta al distinto. Por otro lado está un viejo veterano de la Guerra de Vietnam que, habiendo sufrido las secuelas de la guerra, parece haber perdido el juicio y dedica su vida a perseguir supuestos sospechosos de pertenecer a una organización terrorista islámica. Se nos muestra a una sociedad abatida por el miedo a posibles ataques terroristas como los que sufrieron el 11 de Septiembre. El fracaso en la investigación de veterano de guerra le permitirá acercarse más a su sobrina, la joven recién llegada que le abrirá los ojos hacia una posible segunda comprensión de los atentados.

La protagonista describe al final del film una experiencia que vivió en uno de sus viajes a misiones es algún país islámico, dónde, mientras veía con pavor la caída de las torres, escuchaba los gritos de júbilo de la población que le rodeaba; y vio sorprendida cómo festejaban el ataque. No hace falta haber vivido en ningún país árabe para haber visto esas imágenes, ya que se difundieron por todo el mundo, y le hace a uno cuestionarse muchas preguntas. Con acierto, la protagonista le dice a su tío, “no, no creo que fuera mala gente, era gente normal la que gritaba de alegría”, a lo que este le pregunta, “¿entonces porqué lo hicieron, porqué se alegrarían de nuestro sufrimiento?”, y ella le contesta: “Pues, porque nos odian…”

Es una realidad, la Globalización ha fracasado en su dimensión intercultural, ha fracasado en diálogo. No estoy seguro de que los árabes (o lo musulmanes, o quien sea) sean los únicos que se alegraran del ataque terrorista. EEUU se ha convertido en la primera potencia mundial, y ha conseguido, en cierta manera, controlar el mundo, hasta el punto que Europa no puede tomar decisiones sin el consentimiento de esta potencia, pero éstos sí puede hacer la guerra sin el consentimiento de los países del viejo continente, e incluso de la ONU. EEUU se ha convertido en el terror de la economía (pues controla una gran parte de la economía mundial, siendo esta superior a la del resto de países subdesarrollados juntos), en el terror de la ecología (pues la supremacía y el poder de las multinacionales que controlan su política impide la firma de pactos ambientales como el Protocolo de Kyoto, informe que ha quedado de hecho anticuado en el escenario actual), en lo cultural (pues ha tratado de imponer su cultura de manera uniforme, y ese proceso macdonalizador, destructor de culturas, ha sido a su vez rechazado de manera violenta y extremista en muchos lugares)… Bajo este pretexto, es posible, no justificar, pero sí entender, comprender los gritos de alegría que expresaba esa población. Para muchos fundamentalistas EEUU es el demonio, es el mal que hay que destruir (y esto me recuerda, a su vez, los discursos de otros líderes sudamericanos, que no son musulmanes sino cristianos).

Bajo la excusa de este ataque terrorista, supuestamente atribuido a los fundamentalistas islámicos, EEUU buscó un pretexto para entrar en una guerra para asegurarse las reservas de crudo en Irak (que, curiosamente, parecen ser, hoy en día, mayores de lo que se estimaba) y a la vez sacar partido a su segundo mayor mercado, el armamentístico. Hace preguntarse quién es más terrorista, si aquellos que atacan por miedo, por inestabilidad, por necesidad, o aquellos que atacan por intereses ocultos, por dinero y por avaricia. No es ninguno justificable. Pero, como se suele decir, la historia la escriben los vencedores y, la acción estadounidense es al fin y al cabo el uso de la violencia legítima. Cabe entender, que al final el poder en exceso corrompe, es el ¿quien vigila a los vigilantes?, en dónde parece ser que interesan más los intereses particulares de unos, que el bienestar general. Es, sin duda, un error grave, como se ha demostrado, el tratar los asuntos interculturales de manera armada, se trata de un asunto que, si ha de resolverse, se hará mediante la comprensión y el respeto al otro, mediante el dialogo, mediante la palabra, que, al fin y al cabo, es el elemento que distingue a los hombres.

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