El Fracaso de la Política

“Esta es la historia de una sociedad que se hunde
y mientras cae se repite a sí mismo:

Hasta ahora todo va bien,
hasta ahora todo va bien,
hasta ahora todo va bien,

Pero lo importante no es la caída,
sino el aterrizaje.”

(“La Haine”, Mathieu Kassovitz, 1995)

Desde un principio había planeado escribir sobre una película bastante actual, Babel, que describe a la perfección el fracaso del mundo globalizado en el diálogo entre culturas. Sin embargo, como gran parte de mis trabajos han incidido en ese tema, he preferido hablar de dos películas que he visto bastante recientemente, y que, aunque a simple vista no parecen tener nada en común, hay un elemento que las contrapone. Ambas películas muestran dos realidades totalmente opuestas pero que significa el fracaso de un sistema de gobierno; la primera, La Haine, por la falta de atención de un gobierno hacia un grupo social; la segunda, La Noche de los Lápices, por prestar demasiada atención sobre sus ciudadanos.

Se trata de dos regímenes totalmente distintos. La Haine, una película de Mathieu Kassovitz, representa a la realidad de la Francia democrática actual, en donde tres jóvenes franceses de un barrio marginal malviven con continuos problemas con la policía. El problema está en que, a pesar de su nacionalidad francesa no se han integrado en la sociedad: uno de ellos es judío, otro es de raza negra y el último es marroquí. Los tres se han integrado en un mundo de violencia, se han, como decía Alain Touraine individualizado, se han integrado en un grupo y apartado de la sociedad, son antisistema porque la sociedad los ha rechazado. No tienen trabajo, y si bien uno disponía de un gimnasio lo ha perdido por culpa de los continuos disturbios de la ciudad. Por último, lo más importante es que no parece haber modo de escapar. No existe política pública que los saque de esa situación, no disponen de nadie que les ayude a salir. No tienen estudios y lo único que conocen es la violencia, pues es lo que ven a diario, es tal y como actúan las fuerzas del orden. Odian a la sociedad y la sociedad les odia. La violencia policial les vuelve más violentos y su violencia provoca a los policías, se trata de un círculo vicioso provocado por la indiferencia del Estado. Son vidas desperdiciadas, como diría Bauman, sobrantes y sin función en la sociedad, un estorbo para la misma.

La Noche de los Lápices describe los hechos reales que se desencadenaron una noche en la Argentina dictatorial, denominada Proceso de Reorganización Nacional, en dónde el gobierno secuestró a un grupo de adolescentes fueron secuestrados, torturados y asesinados por el gobierno (de los muchos que fueron secuestrados durante la dictadura solo algunos consiguieron sobrevivir, el resto se los da por desaparecidos) por reclamar el boleto estudiantil (una reducción en el precio de los billetes de transporte para estudiantes) en la ciudad de La Plata. No eran desechos de la sociedad como en la versión anterior, eran jóvenes estudiantes, era el mundo intelectual el que era reprimido por sus ideas.

Quizás no sea ni la una ni la otra el sistema ideal de gobierno. Está claro que la corrupción del poder en las dictaduras suprime la libertad de los ciudadanos, y, a menudo, comete crímenes horribles contra los derechos humanos. Sin embargo, la falta de atención de un gobierno, la falta de políticas públicas, puede significar la decadencia de toda una generación. Son vidas olvidadas. Es el futuro perdido. Como decía Hanna Arendt, cada nacimiento significa una nueva oportunidad, un nuevo elemento en la Historia que puede cambiar su rumbo. La censura acaba con la libertad de expresarse a los ciudadanos, acaba con la posibilidad de avanzar; la ignorancia, la falta de educación y de ayuda a los sectores más necesitados, termina en violencia y en crimen. En la una es el gobierno quien se vuelve criminal, en la otra lo es el pueblo.

Es el fín del medio propio de la política, el diálogo. Porque quizás sea la palabra el único elemento que distingue al hombre del resto de los animales (u obejetos; ver artículo anterior), o más bien el intercambio racional de palabras. ¿Qué otra cosa se puede esperar del único ser que sabe de su existencia? El único propósito del hombre no es otra cosa que eso, demostrar su existencia, y no hay otra forma de hacerlo que por medio de la comunicación.

La Haine (El Odio), de Mathieu Kassovitz
Visitad también: lahaine.org

La Noche de los Lápices , de Héctor Olivera (1986)
Ver más sobre los verdaderos chicos que fueron secuestrados durante la dictadura de Argentina: Wikipedia

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