El pensamiento de Hannah Arendt (1/2)

Encuentro interesante agregar al blog un ensayo que realicé sobre dos conferencias sobre esta interesante politóloga, en el primer centenario de su nacimiento. Más que un ensayo, es la transcripción y recopilación de lo que se dijo sobre el pensamiento de Hannah Arendt, así que creo que sobra decir nada más en esta introducción. Pasaré a añadir las fichas de las dos conferencias, aunque las subiré en dos tomos. Si os interesa saber más sobre ella sólo debeis darle a “Leer resto de la entrada”.

– Conferencia sobre la politóloga Hannah Arendt (04.05.2007). Conferenciantes:
Adela Cortina; Catedrática de Ética y Filosofía Política.
Victoria Camps; Catedrática de Filosofía Moral y Política.

– Conferencia sobre la política de Hannah Arendt (08.03.2007). Conferenciante:
Fernando Vallespín; Presidente del Centro de Investigaciones sociológicas y Catedrático de CC Políticas y de la Adm. de Madrid; es uno de los mayores conocedores de la Teoría Política en España.

Primera Parte (1/2)

Hanna Arendt fue uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, y desde su infancia escribió sobre filosofía y tempranamente se interesó por la Teoría Política, por el dónde estamos cuando pensamos. Fue una Judía integrada en el mundo alemán y por ello, cuando surgió la persecución NAZI acabó huyendo a EEUU. Participaría en el juicio contra Eichmann, el cual le llevaría a deducir que sólo se hace el mal cuando no pensamos nuestras acciones, lo que explicaré más adelante. No puede clasificarse su obra en ninguna corriente filosófica, pues es asistemática y poco metodológica, combinando los textos griegos con el presente que a ella le tocó vivir, es decir, todas las barbaridades del s. XX, que es calificado por muchos autores como el más bárbaro de la historia de la humanidad. Tendría así una visión bastante pesimista de lo que significó la modernidad. ¿Por qué la humanidad, en lugar de emanciparnos de las monarquías a través de las ideas ilustradas, nos llevó a una nueva época de barbarie como lo fueron los totalitarismos?

Recién celebrados 100 años del nacimiento de esta teórica política alemana en el 2006, Victoria Camps fue quien inició la interlocución. Nos presentó a la filósofa como un autor de gran importancia para los interesados en la ética y la política, pues, su interés por este tema, la política (según la definición de la autora: interés humano por la acción y el trabajo; entendiendo a acción como política misma y trabajo como artesanía), le lleva a pensar que el Ser humano es, por encima de todo, básicamente acción.

Victoria Camps explicaba, que la asistencia de esta magnífica persona al juicio de Eichmann le llevaría a escribir dos estudios: Eichmann en Jerusalén y, el más importante, La Banalidad del Mal, en dónde se exponía que “todo aquello en la moral que parecía fijo y permanente se había derrumbado”. Se pierde el sentido común a la moral quedando solo la costumbre; los criterios son un elemento importante para el ser humano, deben ser aplicados en la realidad.

Sin embargo, escribiría Hanna Arendt sobre los totalitarismos, incluido el totalitarismo comunista, más avanzado en su época. Los describiría como una rueda que arrastra a las personas para que dejen de pensar, para que dejen de juzgar la realidad. Eichmann, bajo esta situación, no era un ser perverso, sólo actuó de esa determinada manera, deportando a cientos de personas a los campos de concentración, porque se dejó llevar por el sistema. Los totalitarismos hacen al hombre dependiente, les quita su autonomía y dejan de pensar, dejan de tener conciencia moral.

 

Pensar en Hanna Arendt es la actividad del espíritu, es lo que hacía Sócrates, cuestionar aquello que todo el mundo cree obvio y decidir si son afirmaciones ciertas o no lo son. La segunda parte del pensamiento es el dialogo con uno mismo, el preguntarse, juzgar si aquello que se da como bueno realmente lo es. Sócrates piensa que la moral debe partir de la experiencia concreta, desde lo percibido por los sentidos. Así, el juicio del justo parte desde la individualidad, pero lo expandimos dialogando con lo demás para lograr a un juicio más amplio y universal; es un salir del yo para que el juicio, que en principio es solo mío, se convierta en un juicio compartido. Así, como nos dejaba escrito Platón, Sócrates prefería morir, prefería suicidarse noblemente antes que renunciar a su integridad moral. Por el contrario, Adolf Eichmann no se pregunta, hace lo que le mandan como un borrego siguiendo a su pastor; mientras, mucha gente se exilió porque no soportaban la acción NAZI, preferían huir de su hogar antes que de renunciar a su integridad, como lo haría la propia Hanna Arendt.

Hanna Arendt buscaría la comprensión de la realidad, no el cómo debía ser. No pretendía buscar qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, buscaba que la gente pensase “sin barandillas”. Se trata de algo que en la actualidad se ve bastante frustrado, cuando la gente se afilia y vota a partidos políticos como si fueran equipos de fútbol, no por lo que son, lo que representan, ni menos por sus programas políticos. Lo que debemos cuestionarnos es cómo y con quién queremos vivir, es, como afirmaba Heidegger, quien influyó en la obra de Hanna Arendt, el problema no de lo que hacían nuestros enemigos, sino lo que hacen nuestros amigos.

Adela Cortina abría el siguiente tema: concebir el poder político como poder comunicativo. Es la comunicación, la base de la política desde el principio de los tiempos. Hanna Arendt, fiel en un principio a Heidegger se empezará a distanciar. La capacidad de actuar es la fuente del poder. El poder en sí no corrompe, corrompen, según la autora, determinadas alas del poder. Tener poder es importante, y por esta razón debe ser entregado a la gente. Distingue tres tipos de poder: poder político (las acciones que cambian el mundo, la esfera pública), poder apolítico (la dominación), y poder antipolítico (apartamiento del mundo, el totalitarismo, la violencia ciega…).

Hanna Arendt tomará la idea de poder desde una concepción de la acción, una capacidad para concertar con los demás y actuar de acuerdo con ellos. El poder aparece entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece cuando se disgregan, cuando alguien se impone. El término poder viene de posibilidad, posibilidad de hacer cosas para los fines colectivos y se caracteriza por la pluralidad.

El poder solo puede venir de un espacio público no deformado. Ninguna institución debe poder sustituir el poder comunicativo por la fuerza pues, es dificilísimo conseguir este poder comunicativo, pero es sencillísimo destruirlo. Es, al fin y al cabo, la comunicación entre hombres, la base de la política y la base de la humanidad lo único importante, y por lo tanto, es deber de todos el tratar de salvaguardarlo, pues es lo más valioso de en cuanto disponemos.

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7 comentarios en “El pensamiento de Hannah Arendt (1/2)

  1. ¿Y la segunda parte para cuando?
    Me gusta la idea de este blog, pero parece un poco abandonado… Le daré una segunda oportunidad en un par de semanas, por aquello de que estamos de vacaciones, pero seas quien seas, politólogo que desvarías, deberías tener claro que en la era de los blogs, la constancia en tus posts y la paciencia esperando señales son necesarias… Nunca se sabe quién leerá hoy tus comentarios.
    Ánimo y continúa.

  2. Tienes razón en lo que dices, lo he dejado algo abandonado, y no debería. Trataré de subir la segunda parte de estas conferencias a las que acudí cuando vuelva a casa, espera por favor otra semana.

    Siempre reaviva a uno el que alguien le escriba. 🙂

  3. Bueno solo quiero comentar que este blog esta excelente que bueno que hay gente que se acuerda de hannah arendt bueno la verdad muchos no saben ni quien fue ella con exactitud, gracias por dedicar tu tiempo a este blog, encerio muchas gracias as dejado mucho en mi persona y espero que deje mucho en la gente que lea esto.

    Saludos
    mucha suerte en todo

  4. Considero que el concepto de la Banalidad del Mal, expuesto por Arendt, no sólo indica una percepción absoluta y profunda de la realidad tanto de su época, como de la actual: a propósitoo de la misma quiero transcribir una perla (negra) encontrada en las memorias de Henry Kissinger:

    ” En Camp David, en abril de 1970, estabamos nadando en una piscina y cunado yo caminaba por la orilla él (Nixon) me comunicó su decisioón final de ordenar a las tropas norteamericanas que penetraran en Camboya.
    Me senté en los escalones de la Piscina; el presidente de los Estados Unidos flotaba de espaldas en el agua.”

    Debemos recordar que esa invasión luego, directa e indirectamente provocó la muerte de mas de dos millones de personas en manos (su mayoría) no sólo de norteamericanos sino por el contraataque del Kmer rouge.

    Esta frase de Kissinger no hace más que mostrar como decisiones trascendentales, que le pueden costar la vida a millones ( ya se sabía, en realidad que sucedería) podía, luego de ser tomada durante el baño en una piscina y luego de emitirla “nadar de espaldas”. Sólo imaginemos a Nixon en ese momento.

    Prof. Juan Carlos Vélez Partido Socialista Cristiano – opción por los pobres – Argentina

    • Me parece Vd. muy ingenuo. ¿Cree que todas las grandes decisiones de la Historia han sido tomadas por personas vestidas de relumbrantes uniformes es salas espectaculares de grandes palacios mientras sonaba música de Wagner? Por favor, baje de la nube. A todos los personajes les pica donde nos pica a Vd. y a mí y hablar de cosas importantes en la piscina es muy corriente, por no hablarle de otros ambientes, mucho menos recomendables.

  5. Excelente reflexión, Juan Carlos, aunque no hay que olvidar que detrás de las acciones de todo presidente se encuentran informes de numerosidad de analistas, politólogos, economistas… de todo tipo, que influyen a la decisión final a tomar, si bien esta pueda ser finalmente tomada en una piscina o en la cama haciendo el amor con su mujer. Ningún presidente sería tan irresponsable de tomar ninguna decisión o empezar alguna acción a la ligera. Cada paso en política, cada movimiento, cada estrategia están meticulosamente estudiados, y no por una, sino por todo un equipo de entre 20 y 50 personas por cada presidente, ministro, o líder de la oposición.

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