Asimov y la influencia de la Historia 3

3. Una larga evolución: su literatura.

Acabo de decir, y he dado mis razones, que la forma de escribir de Isaac Asimov era singular. ¿Porqué hacía estas alusiones y comparaciones al sistema y a la cultura americana? Amenidad. Si algo puede subrayarse de la Historia universal de Asimov, es que consiguió su propósito divulgativo a las masas en cuanto a amenidad se refiere. Su modo de narrar y de resumir la historia de La República Romana hace que los aproximadamente 1000 años de luchas y conflictos sean un camino de rosas para el lector. Y para amenizar más su estilo, agrega numerosidad de curiosidades, tales como la creación del calendario, que todavía utilizamos hasta nuestros días, por un sabio egipcio a órdenes de Julio César, tras haber comprobado lo buena que era la astronomía en esa civilización durante su viaje en pos de su enemigo Pompeyo; o el porqué los nombres de los meses están desplazados y su numeración comienza solo a partir de Septiembre. Son, tan solo, elementos que sirven para agilizar la lectura, y desviar momentáneamente la atención del lector.

Pero hasta aquí, todo lo dicho acerca de la forma de escribir de Asimov, sólo es válido para los relatos históricos, cualquier joven de hoy en día que intente coger como lectura personal uno de los relatos más antiguos del autor, comprobará que no resulta nada fácil de leer. Su literatura más vieja parece casi pobre de recursos, pero ésta ha sufrido una larguísima evolución a lo largo de la totalidad de su obra. Debería mencionarse que los primeros relatos del autor eran publicaciones en revistas científicas o de ciencia ficción que se distribuían periódicamente, y la contribución del autor era casual: presentaba relatos cortos, algunas veces distribuidos en capítulos varios para su publicación en varios números. No es de extrañar entonces, que los libros más conocidos de la Fundación, no sean más que recopilaciones de diversos relatos cortos con la misma temática en común, puestos en orden cronológico.

La característica fundamental de los primeros años del autor se encuentra en la narración: prácticamente es inexistente. Asimov se resolvía incapaz de hacer descripciones de instancias, ni de personajes, ni si quiera era capaz de narrar acciones. Su obra era un aglomerado de diálogos interminables, a menudo entre dos personas (le resultaba hartamente complicado añadir más de dos personajes en escena, y no es de extrañar, una conversación a tres bandas con el estilo de Asimov se haría casi incomprensible). Cada conversación era un grano en su aportación a la ciencia, se trataba de personajes hablando a menudo sobre fenómenos, ideas, que había tenido el propio autor.

El cambio de las épocas obligó al autor dejar de escribir relatos cortos, y empezar a redactar novelas más extensas (pasó la moda de las revistas de ciencia ficción, y la publicación de novelas resultaba más barata y mejor remunerada). El problema era su estilo, que no le resultó fácil cambiar. Y sin duda lo hizo, pues se pueden leer novelas más actuales que ya disponían de una descripción de acciones de los personajes, que fue mejorando en sus últimos años. He hablado anteriormente de la cronología, porque si bien sus libros disponían de una bien clara, éstos no eran escritos en orden, sino que a menudo lo hacía según se le ocurría, o a petición de los lectores (añadía nuevos fragmentos a la “historia conocida” de su universo). Para comparar el gran salto de la evolución de su forma de escribir, pueden compararse dos libros que son cronológicamente (según la cronología del universo Asimov) colindantes: Preludio a la Fundación (1988) y Fundación (1951). De este modo, sobre su literatura no queda más que decir, salvo quizás añadir unas cuantas líneas del autor que demuestran su voluntad como escritor:

Hace mucho tiempo tomé la decisión formal de seguir una regla fundamental en mis escritos: ser claro. He desechado cualquier tentación de escribir poéticamente o de modo experimental, o de cualquier otra forma que me permitiera (si fuera lo bastante bueno) obtener el Premio Pulitzer. He escrito con la mayor claridad y, de este modo, he establecido una cálida relación con mis lectores, y con los críticos profesionales… Bueno, que ellos piensen como quieran.

Némesis. Plaza Janes, 2001.

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