Asimov y la influencia de la Historia 6

6. Una historia de influencias: la República Romana en el futuro.

El ser humano como especie tiene el don de la supervivencia, de la adaptación a los momentos y lugares difíciles, pero se muestra incapaz de inventar nada nuevo. El ser humano no inventa, reinventa, recoge datos y objetos ya existentes y los transforma a su gusto. En cierto modo, esto es lo que hizo Isaac Asimov con la historia que le lanzó a la fama, la Fundación. En un breve resumen, explicaré que esta historia de ciencia ficción trataba de un imperio galáctico que gobernaba en paz y harmonía, con sus pequeños problemas, como cualquier gobierno, pero en definitiva, todo parecía regir con normalidad. En un momento dado de esa tranquilidad, surge la figura, que ya he mencionado anteriormente, del matemático Hari Seldon, personaje que con un método matemático que pretendía calcular los acontecimientos venideros (siempre a grandes rasgos, es decir, grandes crisis económicas, huelgas, etc.), predijo que en unos pocos siglos el imperio galáctico sucumbiría sin remedio por su propio peso. La intención de la Fundación era iniciar una red de relaciones fuertes que, en un futuro, una vez caído el imperio, levantasen uno nuevo y más sólido. Y el fin de todo esto era evitar una edad oscura de miles de años de atraso y de conflicto.

Y explico esto porque en cierta manera, en su intento por medio adivinar el futuro, Asimov no sacó sus ideas de la nada. Ha quedado claro ya que el escritor de ciencia ficción tenía amplios conocimientos de historia, y lo que se propuso, de alguna forma, era corregir un período histórico que a todos nos avergüenza, la Edad Media, cientos de años de atraso para la civilización. El mensaje que quizás Asimov daba a sus lectores era que a través de la ciencia, del estudio tanto del pasado como del futuro, podríamos corregir los problemas del mundo y evitar los grandes desastres, tales como lo fueron las dos guerras mundiales, o la caída del Imperio Romano. El proclamado por muchos, mejor escritor de la ciencia ficción, en ningún momento había inventado, había reinventado, pues al fin y al cabo era un científico, y la ciencia se crea a hombros de gigantes, tal y como le explicaba Isaac Newton en una famosa carta a Robert Hook. En esto me baso al afirmar que la historia es un enorme gigante que nos incita amablemente a subirnos sobre sus hombros para observar el pasado y velar por el futuro. Y Roma, por su grandeza, por lo que logró, y por la diversidad de culturas que vivieron bajo las mismas fronteras es uno de los más interesantes períodos a estudiar.

Esto no es nuevo, los romanos en su momento entendieron la importancia de conservar la historia, y la escribieron, dejando una sucesión de documentos que permitieron a los historiadores futuros, como el propio Asimov, estudiar el pasado; tales eran las memorias, como La Guerra de las Galias de Julio César, o bien los Annales, que como su nombre indica, eran manuscritos de los hechos transcurridos anualmente. Es triste que se vieran obligados a inventar una historia mitológica de los orígenes de su ciudad, como ya indiqué anteriormente, pero cuando lo hicieron se sentían tan fascinados por la civilización griega, que no dudaron en aprender de ella (de hecho, toda la historia del mediterráneo es una historia de influencias entre pueblos vecinos). De los griegos copiaron su arte, sus escritos, y hasta sus dioses. Pero no sólo de ellos aprendieron. De cada conquista sacaron algo de provecho, así como por ejemplo el arco de sus construcciones, de los etruscos, o el calendario, de los egipcios.

Quedándome en el tema del calendario, repito, es el mismo que, salvo en pequeños detalles, utilizamos todavía hoy. Como expliqué, Roma dejó una red de caminos por todo su Imperio, que fue utilizada por generaciones futuras a su caída. Son pequeños ejemplos, pero del legado de Roma todavía hoy tenemos mucho que agradecer. No hay estudiante de derecho que no estudie el Derecho Romano, esencial para entender el nuestro. A diario utilizamos una lengua derivada del latín, la lengua que surgió del territorio de la pequeña ciudad antigua. Nuevamente Asimov nos da la pista en su libro, de pequeños rasgos de la política norteamericana que son herencia directa de Roma; además de una numerosidad de expresiones latinas que son de uso diario. Radica aquí la enorme importancia en el estudio de la cultura romana para comprender nuestra cultura y nuestra política, pues de todo ello se le debe dar gracias a la ciudad que extendió sus brazos por Europa.

Y en definitiva, se le debe agradecer también a Isaac Asimov (el autor que no sólo se atrevió a adentrarse en nuestro futuro sino también lo hizo en nuestro pasado) por haber hecho el esfuerzo por compartir con nosotros este pedazo de historia, La República Romana, resumiendo para su público (y en realidad haciendo uso de la influencia de su nombre para la divulgación de la historia) una historia tan llena de detalles y a su vez tan complicada. Me entristece dejarme en el tintero un sinfín de detalles, de héroes, cónsules, procónsules, oradores, batallas perdidas y ganadas, grandes estrategias y escaramuzas que son descritas en la obra con gran eficacia y solvencia, para el disfrute del lector. Pues esta obra, no solo sirve para subirse en hombros de gigantes y aprender, sino también para que el lector menos experimentado pasee por la historia de la pequeña ciudad que se convirtió en una gran potencia, como si de un camino de rosas se tratase.

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