Política 2.0 y Democracia electrónica

Al igual que la radio y la televisión demostraron a principios del siglo XX que eran dos potentes medios para hacer política, para llegar a las masas electoras, en el siglo XXI ha quedado patente la consolidación (o al menos su comienzo) de una nueva forma de llegar a la gente, un canal mucho más preciso, en donde el político puede ofrecer a cada ciudadano justo lo que desea, en donde el ciudadano puede interactuar con el político. La capacidad de Estados Unidos para estar a la vanguardia de las tecnologías, permitió al país ser el primero en observar una nueva forma de hacer política. Obama logró lo impensable mediante un enorme esfuerzo de su equipo, llevando a cabo una campaña mediática excepcional. Angel Badillo y Patricia Merenghi llaman a este nueva forma de hacer política “Democracia electrónica”, y es definida como aquella democracia que usa internet y las nuevas tecnologías (aparatos móviles, agendas electrónicas, libros electrónicos, portátiles…) con el fin de mejorar la comunicación con los ciudadanos.

En los últimos años se ha tratado de llegar al ciudadano de a pie, de permitirle hacer preguntas al político que sean contestadas al instante sin que éste salga de su casa. Éste es el punto clave del nuevo sistema mediático que quedó patente en la elecciones que llevaron a Obama a la Casa Blanca. Hoy, el ciudadano de a pie puede opinar y ser escuchado por todo el mundo, los ciudadanos pueden organizarse en menos de un día para manifestarse contra una política. Internet ha acortado las distancias entre el político y el votante, y sigue estrechándolas cada vez más. Surge de este nuevo proceso un nuevo término: “política 2.0”. La política 2.0 es aquella que aplica las redes sociales al mundo político. Ésta es la herramienta más poderosa que ha dado internet a los políticos de hoy. Tal y como explican Badillo y Marenghi1, “los medios de comunicación se han convertido en la principal fuente de información política”, jugando un doble papel, el de constructores de los discursos de las instituciones políticas y los grupos de interés y el de constructores de la opinión pública a partir de la cual los políticos conforman sus agendas y sus decisiones. Sin embargo, internet permite que ciudadanos que no forman parte de los tradicionales medios de comunicación se conviertan en fenómenos mediáticos.

Pero a pesar de su potencia, los especialistas en campañas políticas rechazan que la política 2.0 deba ser utilizada como el único medio de hacer política. España no es Estados Unidos, internet no llega a cada hogar y no todo ciudadano lleva consigo un teléfono móvil. La radio y la televisión no sustituyeron al político que iba pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, haciendo campaña, sino que lo complementó. Los políticos siguen presentándose en cada pueblo, acudiendo a mítines e inaugurando nuevas infraestructuras. Desde principios del siglo XX, los medios se convirtieron en el nuevo arma del político, con el fin de llegar a cada ciudadano, pero también era un medio deformante de la realidad. Radio y televisión son medios de vía única; quien fuera poseedor de los canales, o aún más, del monopolio de las frecuencias de emisión, podría transformar la realidad a su antojo. Si un acontecimiento no era noticia, era como si no hubiese ocurrido. La radio y la televisión también han sido utilizados como forma de engañar o de convencer a la población. Se entiende así que los grupos políticos hayan luchado por ser los poseedores de los mayores aparatos mediáticos posibles, con el fin de llegar a cada rincón de la población.

Los partidos políticos de nuestros tiempos han de transformarse y dejar entrar en su aparato mediático nuevas formas de comunicación, y por ende, han de transformar su manera de hacer política, pues ya no están solos en el espacio mediático. Un ciudadano apolítico bien o mal intencionado puede convertirse en un fenómeno mediático. Lo hemos visto en el caso de WikiLeaks estos últimos días, en donde una organización mediática internacional ha puesto al descubierto miles de informes privados del servicio de inteligencia norteamericano. Pero a pesar de la potencia de las nuevas tecnologías, sería un error que un partido político basara toda su campaña en internet. Las formas de actuación política convencionales han de seguir estando presentes. El partido político que no esté en internet, que no se encuentre en las redes sociales (blogs, chats, facebook…) no existirá, pero tampoco lo hará el político que no visite cada ciudad, ni el partido que no distribuya propaganda, y mucho menos aquél que no aparezca en la televisión. Como dicen Badillo y Marenghi, “el sector público debe volver a plantearse las estrategias con las que difunde su información en la sociedad”.

Internet ha traído consigo un cambio revolucionario, la sociedad de la información, producto del desarrollo de la microelectrónica, los ordenadores y las telecomunicaciónes. “Las tecnologías de la información aparecen como un nuevo mecanismo de control de los poderes públicos y como un modo en el que los ciudadanos pueden acceder de un modo más eficaz a la información pública y a la construcción de la agenda política”. Se ha hablado mucho de que las nuevas tecnologías permitirán a los ciudadanos participar más directamente en los procesos políticos, sobre todo mediante el establecimiento del voto electrónico en los asuntos importantes. No obstante, la complejidad y la numerosidad de las decisiones políticas de nuestros tiempos hace que no parezca posible o deseable esta posibilidad. Continuando con Badillo y Marenghi,

la democracia electrónica no tiene por qué someter a crisis la democracia representativa, sino mejorar las formas en las que ésta siga siendo eficiente multiplicando los canales de información que permitan a los gobernantes conocer los puntos de vista de los ciudadanos y a los ciudadanos conocer de cerca la actividad de los gobernantes. De esta manera dse eliminaría la apatía y el desencanto político de grandes sectores sociales en nuestras democracias, gracas a la puesta en funcionamiento de nuevos canales y modos de información y comunicación entre el público y sus representantes.”

Por último, internet y las nuevas tecnologías han reducido las distancias y las comunicaciones en el mundo entero. Hoy en día los procesos políticos y tanto grandes acontecimientos como pequeños sucesos son conocidos a lo largo y ancho del globo terrestre. La política ha dejado de ser algo meramente local, y por ello, las decisiones de un político en la otra punta del mundo también nos afecta a nosotros. Hoy, no importa dónde estés, puedes enviar tu voto, puedes dar tu opinión sobre un tema conflictivo, o puedes contactar con el político de tu pueblo. Debemos replantearnos los modos de hacer política. La tecnología ya está ahí, pero queda mucho por diseñar, los partidos políticos y el sector público están lejos de ser auténticos entes mediáticos; en lo que respecta a internet han quedado obsoletos, pero la carrera está en marcha, y quien sea capaz de adaptarse primero a las nuevas tecnologías se llevará al votante del futuro.

1Angel Badillo y Patricia Marenghi. De la democracia mediática a la democracia electrónica.

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Un comentario en “Política 2.0 y Democracia electrónica

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