Berlusconi, el Precio del Poder

Hace unos meses publiqué una un artículo sobre Asimov y su afición por la historia. A partir de él analicé la historia de la Roma clásica. A día de hoy me pregunto si de verdad los italianos han cambiado algo desde los tiempos de Julio César. En la República Romana la corrupción y la compra de votos estaban a la orden del día, todo eran conspiraciones, y no se dudaba en asesinar a un rival si hacía falta, es más, era entendido como el procedimiento natural mediante el cual se alcanzaba el poder. Los romanos tenían derecho, pero el derecho romano no estaba tan desarrollado como el nuestro.

Lo que ha ocurrido hoy en Italia es otra muestra de la corrupción, más propia de la antigüedad que de nuestros tiempos. En Italia rige la ley de un nuevo emperador romano, pero nacido en Milán. Su nombre es Berlusconi y con poder y dinero, y con el apoyo de la mafia, es capaz de comprar diputados y votos. A muchos italianos les parece bien, quizás sea porque los italianos todavía piensan como antiguos romanos. No da otra cosa más que vergüenza que entre las democracias europeas haya una tal, que entre gritos y peleas sobrevive un canalla de la talla de este hombre.

Sin embargo, ya he dicho otras veces que soy una persona de fe (que no católico), y creo en la democracia, y creo, que todo lo que sube algún día tiene que caer, y creo, que cuanto más alto estás, más dura es la caída. Entre orgía y orgía este golfo déspota caerá duramente y su caída será tan vertiginosa y potente que no quedará el más minimo pedazo de este Mussolini del siglo XXI. Algunos recordaréis aquella famosa película de Al Pacino, en donde representa a un hombre de la mafia Cubana, Scarface, que, tras llegar a lo más alto del mundo de la droga, acaba perdiéndolo todo, ciego de su poder.

Los grandes emperadores romanos tendían a tener horribles finales, muertos a manos de sus propios generales, hijos o esposas. Julio César llegó a lo más alto de la República, mediante el uso de la dictadura, con el beneplácito del pueblo, pues era amado por éste, pero nada impidió que enfurecidos senadores le asaltaran y mataran en el mismisimo Senado. Berlusconi no tendrá tanta suerte, su muerte será la política, y la historia no será tan benévolo con él como lo fué con el destructor de la República Romana.

Por el bien de Italia, más le vale librarse pronto de este terrible usurpador de la democracia y la transparencia política italiana, de este vil mafioso que está hundiendo hasta lo más profundo la dignidad de ese gran país.

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