La voluntad socialista secuestrada

El PSOE ha presumido siempre de ser el partido a la vanguardia de la sociedad española, un partido que, tal y como recogen sus estatutos del 38 Congreso Federal aspira a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz. Sin embargo, las proyecciones políticas de quienes toman decisiones internas están impidiendo que sean los militantes los que elijan a sus órganos ejecutivos. Esta fue petición expresa de los y las militantes socialistas y votada a favor por los y las delegadas del último Congreso Nacional del PSPV-PSOE en Alicante. No era la primera vez que los socialistas valencianos postulábamos en favor de una mayor democracia interna, ni será la última. Esto es lo que Ricardo Campos, oftalmólogo desinteresado y valedor del socialismo, candidato a la Secretaría General del PSPV-PSOE en la ciudad de Valencia y afín a Manolo Mata, ha llamado el secuestro de la voluntad de los socialistas valencianos.

Hablamos de secuestro porque esto es a fin y al cabo lo que militantes y simpatizantes están pidiendo, una mayor transparencia y democratización en todos los procesos. Esto no es otra cosa que dar un paso más en el cumplimiento del artículo 6 de nuestra Constitución. Cierto es que probablemente el nuestro sea si no el partido más democrático, uno de los que cuenta con más apertura democrática. No obstante, hay una sensación generalizada en la población española de que las exigencias del constitucional no se están cumpliendo a rajatabla, sino más bien a medias.

Decíamos que el PSOE era el partido del progreso, de la vanguardia. Ahora seamos sinceros, la sociedad española ha dado un salto de gigante para delante. Más de treinta años después de nuestra transición a la democracia, los españoles estamos mucho más formados de lo que nunca estuvimos y hemos avanzado vertiginosamente en nuestro interés y nuestra preocupación por la política. Se ha producido un cambio cultural que ha tenido su máxima expresión en movimientos como el 15-M, un regreso al ágora griega donde el diálogo es la única vía posible para la política. Los dirigentes socialistas parecen haberse dormido en los laureles y es la sociedad la que se ha puesto a la vanguardia y no ellos. Será por esta vez la sociedad quien cambie al partido. El PSOE ha sido propulsor y referente internacional de derechos sociales y libertades, pero el paso adelante por una mayor democracia llegará desde la calle. Depende del partido adaptarse o caer ensimismado, enredado en sus redes burocráticas y en sus juegos de poder.

Una etapa termina, la de las grandes élites decisorias; un nuevo período comienza, la del diálogo con la militancia de base. Porque, si estamos hablando de que la sociedad está mejor formada que nunca, ¿no debería aprovecharse esta formación mediante el principio de especialización para llevar a cabo un potente proyecto social? Las nuevas secretarías socialistas deben ser más cercanas a sus militantes y simpatizantes porque éstos cuentan con las herramientas del éxito, son personas con experiencia, a menudo profesionales en muy diversos campos, que están más que dispuestos a trabajar por el socialismo, más todavía en estos tiempos de crisis y dificultad, y que, por si fuera poco, lo harían completamente gratis, sin exigir nada a cambio más que el reconocimiento y la posibilidad de seleccionar a sus coordinadores. Se mantienen impacientes por aportar su granito de arena al socialismo, tapados por el velo que los oculta, esperando a que se generen los mecanismos y los cauces adecuados para que sus aportaciones sean efectivas. Pero una mayor transparencia y cercanía del partido a sus militantes no será posible si no existen procesos de elección de secretarios y representantes realmente democráticos. Las grandes familias se han convertido en expertas en impulsar a sus candidatos hasta el poder, y éstos lo tienen tan fácil que apenas se les requiere una adecuada preparación, ya que el filtro está obstruido por el tapón de los delegados congresuales.

Se nos puso como justificación que debía esperarse a la decisión por parte del Comité Federal, pero por otra parte sí que se ha aceptado, con buen criterio, recuperar las estructuras comarcales, algo que no se recogía en los estatutos federales. ¿Por qué no más democracia? Creemos que son éstas razones suficientes para pedir hoy más que nunca que se aplique la voluntad de los y las socialistas, 1 militante 1 voto. Ninguna excusa es aceptable.

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