Los vagones perdidos del PSOE

Primero fueron las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo, luego vinieron las generales del 20 de noviembre, dos procesos que significaron el descalabro del PSOE. Muchos pensaron que el PSOE había tocado suelo como síntoma de los estragos de la crisis y que lo que había quedado del partido era su sólida base social. Nada mas lejos de la verdad. Una serie de encuestas de opinión, encabezadas por el CIS y Metroscopia han sacado a la luz la realidad española, y es que la población no confía en los políticos, su credibilidad está por los suelos y prefiere abstenerse a votar antes que optar por un partido, y menos aún si éste es el partido de los socialistas.

Mientras, el PSOE no levanta cabeza, se encuentra en una nebulosa, no se sabe qué propone exáctamente, no hay ideas claras ni está donde debe estar. Deja que sus rivales a la izquierda se adelanten y propongan lo que él no se atreve a hacer. ¿Estamos ante el desmantelamiento silencioso de un partido? Las elecciones vascas y gallegas son la demostración de que el PSOE tiene el suelo todavía más abajo, porque no solo no ha perdido electores, sino que tiene mucho trabajo que hacer si quiere recuperar a todos aquellos votantes que han preferido quedarse en casa antes de votar al partido de toda la vida, porque de lo contrario podrían cambiar sus preferencias por otro partido más afín a sus intereses o que proponga políticas que se ajusten mejor a sus necesidades, cambiando su tradicional voto ideológico o identitario por otro de tipo económico o racional. Algunos pensaron que el fuerte arraigo del PSOE en la sociedad española le permitiría ser opción de gobierno durante muchísimo tiempo, pero hoy eso está cada día más cerca de acabarse. ¿Qué pueden hacer los socialistas para evitar el total descarrilamiento del tren del progreso? Solo hay una cosa, parar la maquinaria y retroceder para recuperar los vagones perdidos:

1. El vagón del liderazgo. El partido se ha quedado sin líderes pontentes capaces de movilizar a la población. Como opción de gobierno necesitaba una estructura sólida y fuertemente jerarquizada, pero esto generó una oligarquía institucionalizada y de difícil acceso que con el tiempo ha degenerado a liderazgos blandos, con escasos apoyos salvo en las propias élites del partido. La burocracia asfixia a los representantes socialistas que, sumándo a esto la falta de incentivos por ascender en la jerarquía partidista, se convierten en puros funcionarios sin iniciativa ni gracia, más deseosos por la optención de un cargo (o mantenerlo) que de ganar elecciones. A nivel estatal se optó por elegir a un burócrata más, sin opción de gobernar, un mero gestor de la crisis que calentara el sillón mientras no hubiese luz en el horizonte.

2. El vagón de la militancia. La población quería más democracia (como suelen hacer los ciudadanos cuando las cosas van mal), los militantes pedían poder elegir a sus élites (como hacen los simpatizantes a un partido cuando todo parece estar perdido). No obstante, la rigidez de la élite del partido lo prohibió, y decidió que la elección por delegación era suficientemente democrática. Craso error. Si algo necesitaba el PSOE eran militantes con fuerzas renovadas, con un nuevo proyecto por bandera. Para ello solo les hacía falta una cosa: poder elegir a sus representantes tanto dentro como fuera del partido. Los socialistas no solo están desanimados y descontentos con la (in)actividad de sus élites, no tienen ganas de seguir peleando porque ni si quiera están seguros de si sienten o no como suyos a sus representantes. Los propios líderes socialistas necesitan ese apoyo, el aliento diario de sus bases y una legitimidad que, por supuesto, no tienen.

3. El vagón de la izquierda. El resto de vagones no son ni por asomo tan importantes como éste. Perder el vagón-restaurante es un problema, perder a los de primera clase es gravísimo, pero perder al resto de pasajeros es todavía peor. El PSOE está dejando atrás a su base porque se olvida que, de momento, ya no una opción para gobernar, y no lo será en mucho tiempo. Ya no le vale solo con captar el voto del centro para ganar, más que nada porque está perdiendo a su electorado más preciado, el de izquierdas. El partido debe dar un giro brusco a la izquierda si quiere recoger a la enorme cantidad de pasajeros que han salido disparados del tren y sus propuestas deberán ser renovadoras pero a la vez socialistas, en el antiguo sentido de la palabra. Quizás más en adelante, cuando se vea más seguro de sí mismo y/o se acerquen elecciones, tendrá capacidad para volverse hacia el centro y agarrar a algunos votantes indecisos o simplemente indiferentes en términos ideológicos, pero sin su base socialista todo está perdido.

Para evitar el descarrilamiento el PSOE solo tiene una opción, y es la mejora de la participación interna, el elixir que le hace falta para que los socialistas tengan nuevas ganas para luchar por aquello que quieren. Una mayor participación traerá también nuevos liderazgos más atractivos para la población, o bien reafirmará y solidificará aquellos liderazgos debilitados por la falta de apoyos electorales e internos (del partido). Volver el rostro hacia las bases también es la vía natural para regresar a los orígenes del socialismo, ideando más propuestas de izquierdas y nuevas ideas que podrían poner de nuevo al tren del PSOE en las vías del progreso. Destino: el futuro.

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